Un intercambio rico en aprendizaje y cultura: el seminario intermedio de nuestros voluntarios de Weltwärts
April 23, 2018

Una entrevista con los padres de la voluntaria alemana en BORDA Las Américas

Birgit y Paul Krautheimer hablan con Minerva Salado Rabelo sobre el voluntariado de su hija Laura en BORDA Las Américas en la Ciudad de México.

Si alguien preguntara cuáles son los momentos cruciales de la vida, muchos coincidiríamos en que el tránsito del ámbito estudiantil al laboral/profesional figura entre ellos.

En el camino se dejan los restos de la adolescencia y se enfrenta el reto de probar lo que hemos aprendido. El gran desafío es entrar de lleno en la práctica y prepararse para combinar el conocimiento adquirido con el ejercicio cotidiano y la disciplina laboral, que implica horarios fijos, cumplimiento de cronogramas de proyectos, resolución de problemas, trabajo en equipo y sobre todo, observación de lo que hacen aquellos que llegaron antes, cómo lo hacen y qué herramientas usan. Al final del trayecto eso es lo que se reconoce como experiencia, lo que también se remite a la formación personal en la adultez.

Muchas cosas cambian en la vida de un joven que atraviesa por esa etapa, pero hay una que perdura siempre: la atención de los padres. En mayor o menor grado, ellos están siempre ahí, con esa vocación de proteger que se revela en la curiosidad por saber los pasos que da el hijo, dónde vive, quiénes le rodean, cómo se siente. Hoy las distancias se acortan en virtud de las nuevas tecnologías, pero nunca serán suficientes esos encuentros distantes a través de la pantalla, nunca habrá comparación con unos días compartidos en aquel sitio donde vive un hijo, una hija, cara a cara con su presente cotidiano.

Ahora estoy frente a Birgit y Paul Krautheimer, quienes han venido desde Alemania para visitar a su hija en la Ciudad de México. Tengo la certeza de que son personas modernas y ejercen su paternidad con la conciencia del derecho de sus hijos a tomar sus propias decisiones, lo que no excluye el interés por ellos. Hace seis meses, Laura realiza una labor de voluntariado en Borda Las Américas y justo a la mitad de su camino, los recibe.

Paul es director y profesor de un tecnológico en la enseñanza media superior, con especialidad en física y mecánica, por el cual transitan alumnos de entre 15 y 18 años.

Birgit es pintora. Realizó estudios como instructora de arte y actualmente imparte cursos y talleres sobre artes plásticas.

Les pregunto sobre su decisión, cuándo, cómo, pues el por qué me queda claro. Se miran y Paul se adelanta:

--Dijimos: vamos. Simplemente así. Y aquí estamos.

Birgit completa: La motivación fue Laura. Pero aprovechamos para seguir las huellas de Frida Kahlo, a quien admiro mucho. No va a ser la última vez.

Paul y Birgit tienen cuatro hijos –un hombre y tres mujeres--, la más joven es Laura, de 22 años.

¿Cómo reaccionaron cuando su hija les dijo que vendría a México como voluntaria?

--No fue una gran sorpresa, pues cuando ella tenía 18 años se fue a estudiar a Chile por seis meses, así que ésta no es la primera vez que viaja a América Latina –responde Birgit--, en Europa es común que los jóvenes salgan de sus países, para estudiar o trabajar o sólo para conocer. Además de eso, tenía el ejemplo de su papá, quien hace 30 años pasó varios meses en Perú y Bolivia donde convivió con esas culturas y tuvo experiencias, que si te quedas en tu país no las vas a tener.

--Y hay que arriesgarse por las experiencias—digo y escucho a Paul.

--Nuestra hija mayor también se fue a Canada y, por otro lado, la comunicación que tenemos hoy hizo mucho más fácil su partida.

Birgit interviene de nuevo:

--Aunque no nos comunicamos a diario. Yo pienso que el contacto excesivo favorece más que extrañe la casa. Si fuera única hija y la primera vez en el extranjero sería otra cosa –ambos se ríen y de inmediato suscriben con gestos afirmativos lo que yo concluyo:

--Tienen mucha confianza en ella. Pero, aun así, ¿había algo que les preocupara por su estancia en México?

--Primero escuchamos noticias sobre secuestros de estudiantes aquí y nos dio un poco de temor, pero después pensamos que ella ya había vivido en Chile, manejaba el idioma y el miedo comenzó a ceder, ya no lo vimos tan grave –es el padre quien responde.

Birgit continúa:

--No es nada que no esperáramos. Una chica extranjera tiene que cuidarse más afuera que en su país.

Me parece lógico que la comparación entre ambos países surja en la conversación y los invito a precisar: Después de esta visita, en una escala del 1 al 10, ¿qué tan preocupados se van?

Se hace un silencio. Las miradas expresan interrogación. Paul responde por los dos:

--Nuestra preocupación oscila entre el tres y el cuatro.

El dato conduce directamente a la siguiente pregunta: ¿Cómo encontraron a su hija?

Birgit: De vez en cuando sufre extrañamiento de su familia y de su novio, pero en general está bien aquí. Le falta la movilidad que tiene en Alemania para viajar con mayor libertad a cualquier lado, pues aquí está un poquito complicado, más siendo mujer.

Paul puntualiza:

--En Alemania ella compartía departamento con otros jóvenes y aquí está viviendo sola. Eso influye en la facilidad para tener contacto y salir acompañada con los de su edad. El hecho de estar sola aquí contrasta mucho con el estilo de vida que llevaba allá. En Chile estuvo también más integrada, porque fue una estancia universitaria, así que vivía con otros estudiantes y había un programa para que los extranjeros se reunieran e hicieran actividades en común. Ella aquí está entrando en el mundo laboral por primera vez. Y es muy diferente.

En ese sentido, ¿cuál es su opinión sobre la importancia que tiene para Laura la estancia en Borda Las Américas?

--El paso del estudio al trabajo es muy fuerte. Hay una diferencia muy grande entre la vida de estudiante y la responsabilidad ante el trabajo. Ella eligió la versión más libre de la carrera, que siempre implica atender varias materias, pero no tiene la obligación de la versión más escolar. Entonces el cambio que implica permanecer ocho horas en la oficina es grande. Hizo tres años de la licenciatura en Tecnologías de protección del ambiente y ahora quiere terminar esos estudios para hacer la maestría. Desde nuestro punto de vista, su estancia en México ha sido buena para ella; primero, porque vivir un tiempo en un país extranjero implica conocer otras culturas, tener otras experiencias, aprender otros idiomas, y eso siempre se ve bien en un curriculum. Por otro lado, la lejanía le ha dado un tiempo para pensar y decidir lo que hará después que termine la segunda parte de su carrera. De momento, quiere enfocarse más en las aguas residuales o el tratamiento de aguas, que en las energías renovables. Y ese rumbo lo fijó aquí.

Es el momento en que Birgit interviene de nuevo, para confirmar que: “Aprendió técnicas y, sobre todo, la ayudó a definir su vocación a futuro. El trabajo con aguas residuales le puede servir en Alemania, porque allí hay muchas ONGs con proyectos de colaboración con otros países, sobre este tema”.

A lo que añade: “La estancia fue importante en cuanto a su desarrollo personal, pero tenemos la impresión de que a Laura le habría gustado tener un mentor, tutor, en el equipo técnico alguien que le enseñara más y le explicara cómo involucrarse más activamente en los proyectos”.

Entonces, ¿qué le diría hoy a la hija de su vecino, si ella le comunica que se va a México a hacer un voluntariado?

Lo que ambos declaran puede resumirse así:

--Le diríamos que es importante informarse bien, del país, de la empresa y de las circunstancias en que va a vivir, con quiénes va a compartir vivienda o si va a estar sola. También debe buscar el contacto con personas que hayan viajado antes al país y servido en la empresa, para conocer sus experiencias. Laura ya sabe cuáles son las zonas peligrosas, adonde puede o no ir, en cuáles horarios transitar. Sentimos que ahora ya está bien informada.

La entrevista llega a su fin y no podemos despedirnos sin que cuenten sus impresiones de México. Diez días no son muchos para una primera visita, la mayoría de ellos en la capital, unos pocos en Guanajuato, de donde regresaron con la certeza de haber visitado un museo vivo. Birgit habla primero:

--Son demasiadas impresiones. Todo es nuevo y extraño para nosotros, visitamos museos, caminamos por la ciudad y lo primero que nos causó asombro fue ver tanta gente en tan poco espacio. Las ciudades que consideramos gigantes en Alemania, Berlín entre ellas, son bastante más tranquilas que ésta. Cuando llegamos nos pareció muy ruidosa pero no nos costó demasiado adaptarnos. En el mercado todos gritan, ofrecen sus productos, en la calle también pregonan la venta de sillones o colchones. Para nosotros eso es inusual y forma parte de lo que ofrece este país. No tuvimos cercanía con muchos mexicanos, por no conocer el idioma y por los pocos días que estuvimos aquí, pero quienes se nos acercaron fueron muy amables. Tampoco tuvimos contacto hasta hoy con el grupo de Borda América, pues queríamos conocer la ciudad y el tiempo no alcanzaba para todo. Yo estoy muy positivamente sorprendida de cómo es México.

Paul se detuvo en factores más prácticos:

--El sistema de taxis nos da mucha confianza, porque es muy seguro y algo así no existe en Alemania y si lo hay es muy caro. Me llamó mucho la atención el transporte público, la forma en que está organizado. No suponía que era tan bueno. Lo encuentro un poquito caótico, pero funciona bien.

¿Qué se llevan de México?

Birgit es rotunda:

--Todo. Desde los recogedores de la basura en su camión, todo. Vimos todo lo que pudimos en esos días: fuimos a la lucha libre, a las ceremonias religiosas por semana santa, en las iglesias coloniales. En lo cultural nos llevamos cosas muy hermosas, la casa de Frida Kahlo, una función de danza folclórica en Bellas Artes y las calles y los barrios por donde anduvimos.

¿Volverán a México aun cuando Laura no esté acá?

Le toca a Paul responder con el asentimiento gestual de Birgit:

--Sí, rotundamente sí. Volveremos aun después que Laura termine su tiempo aquí. Es un país al que hay que regresar, muy grande y con mucho que ofrecer. Fue muy corto el tiempo, hay que volver para conocerlo más.

Birgit y Paul Krautheimer hablan sobre el voluntariado de su hija Laura, en BORDA Las Américas en la Ciudad de México y los momentos cruciales de su vida, incluido el paso de su vida estudiantil a laboral/profesional

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